3 MINICUENTOS DEL ARGENTINO ENRIQUE ANDERSON IMBERT

3 MINICUENTOS DEL ARGENTINO ENRIQUE ANDERSON IMBERT

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CUENTO

 

Espiral

[Minicuento – Texto completo.]

 

Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo oscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si esa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Y mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de Luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la sonrisa de él era la que también me pesaba en la boca: como en un espejo, uno de los dos era falaz. «¿Quién sueña con quién?», exclamó uno de nosotros, o quizá ambos simultáneamente. En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol: de un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.

FIN

El gato de Chesire, 1965

 

Aquiles y la tortuga

[Minicuento – Texto completo.]

Zenón: Homero contó muy bien cómo Héctor huyó al ver que Aquiles se le acercaba: tres veces dio vuelta a las murallas de Troya, y Aquiles siempre persiguiéndolo. Lo que no contó es que Aquiles, sintiendo que no podía estrechar la distancia, pensó: “¡Si Héctor fuera una tortuga!”. Bien: en mi argumento contra el movimiento yo le he otorgado ese deseo. Solo que a Aquiles no le sirve de nada: cada vez que llega al punto en que estaba la tortuga, esta ya se ha adelantado y así infinitamente.

Meliso: Tu argumento es válido solo a condición de que lo despojemos de sus disfraces. A unos meros puntos en el espacio los disfrazaste de Tiempo. Les diste un pasado —la fama de los pies ligeros de Aquiles y de las patas lentas de la tortuga—, un presente —la voluntad que ambos tienen de correr— y un futuro —la meta que los espera al final de la carrera—. Aquiles y la tortuga, psicológicamente, duran. No duran, matemáticamente, los infinitos puntos en que se puede dividir una línea. Tu argumento, para ser lógico, debería desprenderse de las imágenes temporales con que lo disfrazaste. Solo que entonces tu argumento no duraría. Quiero decir, por ser demasiado obvio nadie se acordaría de él.

FIN

El gato de Cheshire, 1965

Sadismo y masoquismo

[Minicuento – Texto completo.]

Escena en el infierno. Sacher-Masoch se acerca al marqués de Sade y, masoquísticamente, le ruega:

-¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta!

El marqués de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y, con la boca y la mirada crueles, sadísticamente le dice:

 

-No.

FIN

Resultado de imagen para Enrique Anderson ImbertENRIQUE ANDERSON IMBERT fue un escritor, ensayista, crítico literario y profesor universitario argentino.

Nació en Córdoba el 12 de febrero de 1910, a los cuatro años de edad se trasladó a Buenos Aires y a los ocho a La Plata, donde hizo sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Rafael Hernández. A los dieciocho años ingresó en la Universidad de Buenos Aires donde fue alumno de Pedro Henríquez Ureña en biología y de Alejandro Korn en filosofía. En 1939 comenzó a enseñar en la Universidad Nacional de Cuyo, y posteriormente, hasta 1947, en la Universidad Nacional de Tucumán.

Ya retirado de la actividad docente, Enrique Anderson Imbert continuó con su pasión por la escritura, incursionando en los géneros más diversos. Todos los años regresaba durante unos meses a Buenos Aires, donde falleció a finales del año 2000 a la edad de 90 años. En su lecho de muerte bosquejó un cuento corto: la historia de un violinista que, a punto de comenzar un concierto que definirá su carrera, descubre que ha olvidado la partitura.

 

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