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CAPÍTULO I

BREVE RESUMEN SOBRE LA HISTORIA DE LA SALUD EN COLOMBIA

Podemos señalar que existen cuatro periodos en los cuales se pueden apreciar los cambios más importantes que ha presentado la prestación del servicio de salud en Colombia. El primero se inicia con la promulgación de la Constitución de 1886 hasta mediados de 1950 y en donde prevaleció lo que se puede denominar como el modelo higienista (Minsalud y DNP, 1990). Bajo este modelo, la provisión de salubridad pública se limitaba a atender aspectos de carácter sanitario, mientras que la atención preventiva y curativa en salud tenía que ser financiada por los propios usuarios o por algunas instituciones religiosas de caridad. Hacia 1945 se crea la Caja Nacional de Previsión que atendía la salud de los empleados públicos y, para 1946, se crea el Instituto Colombiano de Seguros Sociales que atendía a los empleados del sector privado formal (PNUD, 1998).

El segundo periodo, que va desde 1970 hasta 1989, se caracteriza por la creación del Sistema Nacional de Salud, bajo el esquema del subsidio a la oferta, en el entendido que los recursos del gobierno central para la salud eran transferidos a la red de instituciones públicas hospitalarias. En este periodo, el servicio de salud se convierte en parte integral de la planeación socioeconómica del país. También se crea un esquema tripartito (estado – empleadores – empleados) de financiación para la prestación de los servicios de salud a la población trabajadora formal (PNUD, 1998); sin embargo, tal Sistema seguía sin proporcionar una atención integral en salud a la población de escasos recursos.

El tercer periodo arranca desde 1990, con la expedición de la Ley 10 en acuerdo con el artículo 36 de la Constitución Política del 86, que elevó el servicio de salud al rango de servicio público. En este período hubo dos fuerzas importantes que determinaron los cambios institucionales que experimentó el sistema de salud pública en Colombia. La primera es la Constitución Política de 1991, según la cual Colombia se declara como un Estado Social de Derecho que consagra la vida como un derecho fundamental e inviolable (Art.11, Constitución Política de Colombia, 1991). De allí se deriva la obligatoriedad jurídica para la provisión de servicios de salud por parte del Estado (y/o agentes particulares delegados por éste) en aras de garantizar el mencionado derecho fundamental. Bajo este marco, la Constitución de 1991 eleva a la Seguridad Social como un servicio público de carácter obligatorio (Art.48), dentro del cual la atención de la salud y el saneamiento ambiental son servicios públicos a cargo del Estado (Art.49).

La segunda fuerza es el conjunto de reformas estructurales emprendidas con gran ímpetu a partir de 1990 y que siguió los lineamientos del Consenso de Washington. Las reformas estructurales tendientes a la privatización de algunas empresas del Estado, en combinación con la creación de incentivos del mercado para la competencia en la prestación de servicios sociales como la salud, inspiraron la concepción del esquema de competencia regulada que se instauró en Colombia a partir de la Ley 100 de 1993. Vale decir que Chile fue el país pionero en Latinoamérica en introducir este tipo de incentivos de mercado para la prestación de servicios de salud a comienzos de los años ochenta. La característica distintiva del modelo chileno, y la versión correspondiente del mismo para el caso colombiano, es la creación de un Sistema de aseguramiento para la provisión de servicios a través de una red privada de instituciones (Berman y Bossert, 2000).

Como resultado de la interacción de las dos fuerzas mencionadas, la Ley 100 de 1993 en Colombia, promovió la participación de los agentes privados en el aseguramiento y la provisión de servicios de salud, bajo un esquema de solidaridad en la financiación del aseguramiento para los más pobres. Como se mencionó en la introducción, la Ley 100 determinó que el Sistema General de Seguridad Social en Salud colombiano quedara dividido en dos regímenes. El primero, conocido como el régimen contributivo, vincula a los trabajadores formales, los trabajadores independientes con capacidad de pago, los pensionados y las familias de estos grupos; la financiación de la atención en salud para este régimen se realiza por medio de contribuciones obligatorias efectuadas por los empleadores y los empleados o pensionados. El segundo régimen, denominado régimen subsidiado, vincula a la población pobre y vulnerable que ha sido previamente identificada por el Estado y se financia con recursos de ingresos corrientes de la nación que se transfieren a los entes territoriales (Sistema General de Participaciones), el 1% de los aportes recaudados en el régimen contributivo y otras fuentes de ley.

El cuarto período, en el cual estamos, arranca desde el año 2015 con la expedición de la Ley Estatutaria de Salud o Ley 1751 del 16 de Febrero del 2015, por medio de la cual se convierte a la salud en un derecho fundamental y señala la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y la Atención Primaria en Salud (APS) como los aspectos claves de esta ley, la cual fue reforzada con la Resolución 429 del 17 de Febrero del 2016, a través de la cual se adopta la Política de Atención Integral en Salud (PAIS) y se Implementa el Modelo Integral de Atención en Salud (MIAS), revolucionando, por lo menos en el papel, el sistema de salud en Colombia.

¿Por qué decimos que en el papel? Porque diariamente los medios de radio y televisión registran acontecimientos dolorosos, causados por la indolencia de las EPS e IPS, generalmente a raíz de la tendencia a no asumir los costos del servicio. Un servicio que no es gratuito. Que pagan los trabajadores y las empresas. Un servicio público esencial y ahora un derecho fundamental. Los médicos se ven precisados a recetar lo más barato. Se niegan medicamentos e intervenciones y tratamientos urgentes y necesarios, alegando su excesivo costo, aunque estén en el Plan Obligatorio de Salud, POS. La verdad es que la gente sufre, se desespera, se estresa, insulta y ataca verbal y hasta físicamente a los trabajadores y profesionales del sector salud, que desde la portería, pasando por enfermeras, personal administrativo y médicos, les toca asumir y enfrentar los problemas.

Pero la Constitución, que consagra el Estado Social de Derecho, y uno de cuyos fundamentos reside en el respeto a la vida y a la dignidad de las personas, señala que los niños tienen derechos fundamentales a la salud, a la integridad personal física y mental, a la seguridad social, a un desarrollo armónico e integral, a una vida digna, a tener una familia…Y señala que esos derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás. Esto es pura teoría, papel. Ni siquiera habiendo obtenido protección mediante fallos de tutela, por desacatados, se conmueven quienes tienen a la salud como un negocio y no como un servicio público esencial por el cual los particulares que lo presten deben responder ante el Estado. Pero el Estado guarda silencio. Un silencio cómplice, aunque, como expresó la Defensoría del Pueblo, deberían ser ejercidas las pertinentes acciones penales. Pero no ocurre.

A los intermediarios nada los sobresalta. Ni el dolor de muchas familias, ni las muertes, ni las condiciones indignas que sufren algunos pacientes y trabajadores del sector. Nada les importa el interés colectivo ni los derechos. Su única meta empresarial es la ganancia. No gastar, salvo en aquellos lujos hacia los cuales se desvían los recursos como el caso de Saludcoop. Y ni qué decir de la vergonzante corrupción que campea en el sector de la salud, donde las Eps, las Ips, los Gerentes y las distintas mafias y carteles de los politiqueros en todas las regiones vienen robándose de manera descarada los recursos de todo el sistema de salud.    

De nada ha servido la Ley Estatutaria de Salud que tanto pregonó el Gobierno como el más alto logro en materia de salud y que el 16 de febrero cumplió 5 años como letra muerta entre los colombianos, al igual que la Ley Sandra Ceballos sobre el Cáncer, que este 4 de febrero cumplió 10 años y que al igual que la ley 1355 del 2009, sobre la obesidad, que va a cumplir 11 años y aún no han sido reglamentadas, para la burla de los mismos congresistas que las aprueban y de todos los colombianos en general. Y por otro lado quieren desalentar la tutela, o hacerla ineficaz. De tal suerte que la situación en este campo sigue igual o peor.

Por eso podemos señalar que el sistema curativo que se sigue implementando con la bendita Ley 100, es un sistema inhumano, costoso y que colapsará con el aumento de las enfermedades no transmisibles, ya que en 15 años, si no hacemos nada, que es lo más seguro, nos convertiremos en el país más obeso del mundo, con la consabida tragedia que eso significa para la salud de los colombianos, para el sistema de salud y para la productividad y el desarrollo del país.

La Atención Primaria en Salud debe implementarse en todo el país, porque sus bondades son bastante conocidas desde que se realizó la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud de Alma-Ata, realizada en Kazajistán, del 6 al 12 de septiembre de 1978, que fue el evento de política de salud internacional más importante de la década de los años 70. Esta  conferencia fue organizada por la OMS/OPS y UNICEF, y patrocinada por la entonces llamada Unión Soviética. La síntesis de sus intenciones se expresa en la famosa Declaración de Alma-Ata, donde se subraya la importancia de la atención primaria de salud como estrategia para alcanzar un mejor nivel de salud de los pueblos. Su lema fue «Salud para Todos en el año 2000«, propuesta que fracasó porque los países no aplicaron la APS.

La Conferencia Internacional sobre Atención Primaria llegó a la declaración el 12 de septiembre de 1978, donde se expresó la necesidad urgente de la toma de acciones por parte de todos los gobiernos, trabajadores de la salud y la comunidad internacional, para proteger y promover el modelo de Atención Primaria en Salud para todos los individuos en el mundo. En ella participaron 134 países y 67 organizaciones internacionales y desde allí la humanidad conoce las bondades de este importante sistema de salud que debe ser puesto en marcha en Colombia.

En nuestro país en materia de salud estamos actuando al revés, en contravía de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, al insistir en privilegiar la atención en la enfermedad y no en la prevención de ellas…Si de verdad decimos querer a nuestros ciudadanos, debemos cambiar el esquema, es decir, privilegiar la promoción y la prevención de la salud, antes que la atención de las enfermedades, que nos ha demostrado hasta la saciedad, con la aplicación de la Ley 100, que no garantiza la salud, que el sistema curativo es costoso y que en vez de mejorar la vida de los ciudadanos la estamos empeorando cada día más con su secuela de muertes por las enfermedades no transmisibles que todas se pueden evitar y que no ocurre por falta de impulso de la cultura de la prevención, de la atención primaria en salud  y de promover entre la población el manejo de estilo de vida saludable.

Por otro lado tenemos el problema de la obesidad, un problema muy grave en los niños y adultos que se ha convertido en una pandemia mundial, causante de las enfermedades no transmisibles que producen el 71 % de las muertes en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). El mundo produce alimentos de sobra, inalcanzables para unos y mal utilizados por otros, por eso una parte muere de hambre y la mayoría de las enfermedades que produce la obesidad, dos aristas de un mismo problema: la mala nutrición.

Los programas de las Naciones Unidas han demostrado una y otra vez que el hambre y la pobreza pueden superarse con programas sociales apropiados y bien planificados que aborden las necesidades a largo plazo de las poblaciones afectadas. Países que en el pasado recibieron ayuda alimentaria, como la República de Corea, México y China, están hoy entre los principales mercados para la exportación de alimentos. Otros países que se beneficiaron con la recepción de esta asistencia, como Croacia y Marruecos, se han convertido recientemente en donantes del Programa Mundial de Alimentos.

La obesidad se ha convertido en una grave pandemia que ha cambiado el perfil epidemiológico en el mundo, a tal grado que las enfermedades conexas con ella, las llamadas enfermedades no transmisibles (cardiovasculares, diabetes, cáncer y enfermedades respiratorias crónicas), se producen por la mala nutrición y el sedentarismo, lo que le permitió a la Doctora Margaret Chang, ex Directora de la Organización Mundial de la Salud, OMS, señalar que Estamos ante la globalización de estilos de vida no saludables.

El hambre acosa a una parte del mundo que se está muriendo por falta de alimentos que producimos de sobra, pero por otro lado, la otra parte del planeta se está muriendo por malos hábitos alimenticios y por no saber nutrirse. Ambos males pueden evitarse si sabemos utilizar de manera práctica tres verbos a nivel mundial: la planeación, la distribución y la prevención. Con una buena planeación en la producción y en la distribución mundial de los alimentos, acabaríamos con el hambre del planeta, y con la prevención, que no es más que la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades, dotaríamos a los seres humanos de hábitos y comportamientos saludables para acabar con la obesidad y la desnutrición que hoy están deteriorando la especie humana. 

La pandemia de la obesidad, tal como se presenta actualmente, terminará siendo la más grande de todas las pandemias de la historia, por encima de la llamada Peste Negra, que en el siglo catorce, entre los años 1.348 y 1.350, arrasó con 25 Millones de habitantes, mientras la obesidad arrasa anualmente con 41 Millones de seres humanos, y en solo 10 años ya ha aniquilado más de 350 Millones de almas, lo cual hoy, es una verdadera vergüenza de toda la humanidad, porque la acción a realizar está clara, lo que no está claro es la decisión de hacerlo, porque priman más los intereses particulares y los negocios de las Multinacionales, que se imponen y doblegan con su dinero a los líderes de la gran mayoría de los países, que el interés colectivo y humanitario en general. En este punto es necesario hacer la siguiente pregunta: ¿Hasta cuándo los líderes del mundo continuarán con esta vergüenza y decidirán de manera unida librar una batalla por la prevención y contra la obesidad y sus mortales enfermedades? Amanecerá y veremos, dijo un ciego…

Es necesario recordar que dentro de la estrategia global para la dieta, la actividad física y la salud, anunciada por la Organización Mundial de la Salud en Mayo del 2.006, se señaló que la mayor parte de la publicidad de alimentos dirigida a los niños y adolescentes promueve productos que no son recomendables nutricionalmente, que contienen altas concentraciones de azúcares, grasas y/o sal. Igualmente que entre los 2 y 3 años de edad se pueden estar determinando el gusto por alimentos con altos contenidos de azúcares, grasas y/o sal y que está probada que la publicidad afecta la elección de alimentos e influye en los hábitos de nuestras dietas y finalmente que la publicidad de alimentos y bebidas no debe explotar la inexperiencia, la inocencia y la credulidad de los niños.

Pero una cosa son las frases, los buenos y saludables llamados y los postulados tanto internacionales como nacionales y otra es la cruda realidad que se vive a la hora de prohibir o hacer realidad todos estos maravillosos enunciados en cada país. Porque para nadie es un secreto que existe un conflicto fundamental e irreconciliable entre las metas de las empresas, de las industrias y de las Multinacionales contra las metas de aquellas personas, instituciones o gobiernos a quienes les preocupa la promoción, la prevención y la defensa de la salud pública.

Hoy, con la Pandemia del Coronavirus o Covid 19, el mundo vive una grave situación de contagio y muertes bastante alarmante, donde la OMS está llamando a todos los gobiernos y líderes mundiales a que insistan y persistan en la prevención contra el virus con las únicas armas conocidas como son el lavado de manos, la distancia personal de 2 metros y el uso permanente del tapabocas, ya que hasta tanto no se tenga una vacuna, la sociedad tendrá que modificar los hábitos de vida y acostumbrarse a convivir con el virus poniendo en práctica el autocuidado.

Por eso debemos destacar, apoyar y emular el papel que a nivel internacional están jugando personas como el secretario general de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y el Director de la OMS, que de manera contundente vienen denunciando el aumento de la obesidad y el sobrepeso y la responsabilidad que hoy tienen las empresas y los gobiernos en este problema internacional. Destaquemos tres de sus frases dichas el año pasado, tales como: El sobrepeso y la obesidad no sólo ponen en riesgo la  salud de la población sino también sus finanzas y  futuro, debemos regular la publicidad y el etiquetado de la comida chatarra, además de recomendar que  se establezcan cargas fiscales para estos productos, dijo  José Ángel Gurria, Secretario General de la OCDE, al denunciar a los lobistas de las empresas que han impedido el desarrollo de políticas públicas para combatir la obesidad.

Los mosquitos no tienen grupos de presión y de cabildeo. Pero la industria que contribuye al aumento de las enfermedades no transmisibles si los tienen. Cuando las políticas de salud pública son interferidas por los intereses económicos creados, nos enfrentamos con una gran oposición, una oposición muy bien orquestada y una oposición muy bien financiada, dijo Margaret Chan, ex Directora de la OMS, en la Asamblea Mundial de la Salud en el año 2013. La salud pública debe enfrentarse a la Gran Industria de Alimentos y a la Gran Industria de Refrescos…Estas industrias odian las regulaciones y se protegen usando las mismas tácticas…El poder en el mercado se transforma en poder político. Pocos gobiernos dan prioridad a la salud sobre las grandes empresas, dijo Margaret Chan en su visita a Finlandia en al año 2013. Estas son tres frases lapidarias y contundentes que nos demuestran por qué la mayoría de los gobiernos del mundo no aplican políticas públicas serias, sencillas y prácticas en favor de los ciudadanos que dicen representar y querer.

Por ello la sociedad civil y los gobiernos en general tenemos una gran batalla por delante y es ponerle coto a tanta publicidad dañina para la salud, donde se ofrecen alimentos, medicamentos y bebidas no saludables…Sin ningún temor se deben crear regulaciones en el etiquetado de esos productos e imponer altos impuestos a los mismos. Sabemos que ante el poder de soborno de las Multinacionales y de los grandes empresarios, esto no es fácil, pero sí se puede, y estamos en la obligación de ganar esta batalla por la defensa de la salud pública de todos los ciudadanos Colombianos y del mundo entero, para derrotar la pandemia de la obesidad que con sus mortales enfermedades están acabando con el presente y el futuro de nuestras generaciones. Que no nos tiemble el pulso y que no nos dejemos sobornar y doblegar por el vil dinero de los poderosos empresarios, que con esa actitud se convierten en enemigos del bienestar y la salud de la sociedad, por ello hoy más que nunca necesitamos valor y decisión para defender las políticas públicas en salud en favor de los colombianos y de la humanidad en general.

En este punto debemos señalar como el diario El Tiempo, en su editorial del pasado 30 de junio de 2018, denominado Sobrepeso Mortal, haciendo un análisis sobre el preocupante informe rendido por la OMS en el mes de junio sobre el avance de las Enfermedades No Transmisibles, denominado LLEGÓ LA HORA, informe y editorial que pasaron desapercibidos por encontrarnos abstraídos en pleno Campeonato Mundial de Fútbol, señala que:  Y el asunto toma dimensiones más preocupantes cuando se observa que Bogotá, con las mejores condiciones sanitarias y de ingresos del país, deja ver, conforme lo revela un análisis de la Secretaría Distrital de Salud (SDS), que el 55,2 por ciento de los capitalinos presentan un exceso de peso, y gran parte de ellos ya padecen obesidad mórbida, con toda la carga de salud que tal condición lleva implícita. Es hora de que el Gobierno entienda la gravedad del problema y lidere acciones que comprometan a todos los sectores.

 

Y aunque hay factores genéticos, lo cierto es que la mayoría de estos desenlaces están ligados a malos hábitos alimentarios, sedentarismo y a factores que equivocadamente se relacionan con la disponibilidad industrial de alimentos procesados, bebidas azucaradas y una cultura del consumo hipercalórico.
Si a ello se suma que el flagelo en niños menores de cinco años ubica al país por encima del promedio mundial y al menos uno de cada cuatro niños ya presenta el problema, la situación se torna dramática, sin dejar de lado que este mal le cuesta al mundo, de manera directa, el 2,8 por ciento del producto interno bruto (PIB).

Tal panorama, de reiterado análisis, exige con urgencia políticas serias con metas concretas a corto plazo, para cambiar una peligrosa tendencia. Aquí nadie puede dar la espalda, porque se requieren acciones que comprometan a todos los sectores, con el liderazgo de un gobierno que entienda que gran parte del desarrollo del país se pierde por estas causas. Ojalá este gobierno y el Congreso consideren que el ataque frontal contra el sobrepeso y la obesidad deben enmarcarse en una política de Estado. Esto no da espera ». Interesante análisis para aplicar…

A pesar de que en el Plan Decenal de Salud Pública 2.012-2.021 y que en las Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2.018-2.022 en Colombia se recoge la propuesta de la OMS de promover entornos y estilos de vida saludable para reducir las muertes prematuras por las Enfermedades No Transmisibles,  estamos seguros que estas políticas públicas seguirán como letras muertas al igual que la ley 1355 del 2.009 sobre la obesidad, y los colombianos seguiremos padeciendo y muriendo por estas enfermedades que son evitables, por la insistencia en un sistema de salud curativo, sistema comprobadamente errático, equivocado, costoso e ineficaz.

Por todo lo anterior y por el oscuro panorama que se nos muestra, este pasado 7 de abril, Día Mundial de la salud, no hubo nada que festejar, más bien que lamentar, sobre todo si nos atenemos a las cifras actuales de la OMS de que por lo menos la mitad de la población mundial no puede recibir servicios de salud esenciales y a las estimaciones de que si continuamos con la actual tendencia para el 2.030 morirán 55 Millones de personas por la obesidad y sus enfermedades y que en Colombia, con el 56.4 % de obesidad y sobrepeso, según la encuesta nacional del 2.015, publicada en el 2016, y con la tasa de crecimiento anual del 1.2 %, en 15 años, de no hacer nada, que es lo más seguro, nos habremos pasado a los Estados Unidos que tiene una obesidad del 67% y también nos habremos pasado a México, el país más obeso de la tierra, donde poseen un 70 % de obesidad entre sus ciudadanos. Desafortunadamente se repetirá la historia con metas inalcanzables en el 2030.

Consecuentes con este diagnóstico estamos planteando como propuesta, que si de verdad se quiere mejorar el sistema de salud en Colombia, si se quiere contar con ciudadanos activos y saludables, altamente productivos, con una alta longevidad, alegres y felices, que duren más de 100 años, se debe impulsar un Programa dirigido a implementar la Atención Primaria en Salud, a través de la medicina familiar, la salud en casa, el medico al barrio, o como quiera llamarse, para que, a través de la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades, hagamos realidad los aspectos claves de la Ley 1751 de 2015  o Ley estatutaria de salud, a través del impulso de la cultura de la prevención y el manejo de estilos de vida saludable, implementemos los aspectos centrales de la Ley 1355 del 2.009, para empezar a combatir y derrotar la obesidad y el sedentarismo, las enfermedades no transmisibles y poder contar en pocos años con ciudadanos activos y saludables.

En ese sentido debemos reconocer y valorar la iniciativa que impulsó Gustavo Petro con los llamados Territorios Saludables en la Bogotá Humana, y la que hoy viene impulsando el Gobernador del Magdalena Carlos Caicedo Omar, y su secretario de salud, al implementar la atención primaria en salud con su programaEl Médico en casa”, que estamos seguros mejorará la salud individual y colectiva de todos los magdalenenses y tendrá un gran impacto positivo en los indicadores del sistema, iniciativas que deben implementar todos los mandatarios, empezando por el Presidente de la República, a través del Ministerio de salud y protección social.

Finalmente, si aplicamos la normatividad existente en Colombia, e implementamos y profundizamos en todo el país los programas de la atención primaria en salud, como ya se empezó a hacer en el Magdalena, podemos poner en práctica la famosa frase del líder cubano José Martí, cuando dijo que La mejor medicina no es la que cura, sino la que previene. Sin prevención no hay salud…manos a la obra.

 

CONTENIDO /       

PRÓLOGO  

                                                      CAPÍTULO I                                                    

BREVE RESUMEN SOBRE LA HISTORIA DE LA SALUD EN COLOMBIA

CAPÍTULO II

RIESGOS LABORALES EN EL SECTOR DE LA SALUD   

CAPÍTULO III

ESTILO DE TRABAJO SALUDABLE

CAPÍTULO IV

IMPORTANCIA DE LA SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO

                                                  CAPÍTULO V                                                

LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN

                                                              CAPÍTULO VI

EL MANEJO DE ESTILO DE VIDA SALUDABLE

                                                          CAPÍTULO VII

EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN Y EL MANEJO DE ESTILO DE VIDA SALUDABLE

 

EL AUTOR 

 

 


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