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CAPÍTULO IV

LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN

¿Hasta cuándo viviremos en Colombia sin impulsar la cultura de la prevención?

En el mes de abril de 2.019 se cumplieron 15 años desde cuando lanzamos nuestro segundo libro denominado La cultura de la prevención, una urgencia social donde le advertíamos a los colombianos queMientras Colombia no adopte la cultura de la prevención como política pública, de manera integral y a todos los niveles, desde la primaria, pasando por la educación media y superior, capacitando a las comunidades y a toda la población, no dejaremos de ser especialistas en la atención de desastres y de ser un desastre en la prevención de los mismos, y que si las tragedias aumentan anualmente es porque estamos actuando mal. Así de sencillo, como dijera “El Pibe”. Se trata entonces de cambiar el rumbo de nuestra acción: privilegiar la prevención, para disminuir la atención de desastres.

Esta reflexión continua vigente porque la cultura de la prevención no ha empezado a aplicarse en Colombia, por eso nuevamente planteo el tema en este libro, volviéndonos repetitivos hasta el cansancio, porque por falta de cultura de prevención solo las tragedias nos hacen prender las alarmas. Esto es lo que ocurrió  con el Chikunguña, que a pesar de haberse comunicado con suficiente antelación cómo se propagaba la enfermedad, la respuesta o la acción en los entes territoriales fue demasiado tardía, a tal punto que en Diciembre el Ministro de salud anunciaba que al final de febrero la enfermedad habría llegado a más de 700 Mil colombianos, o lo que ocurrió en Medellín con la tragedia ocurrida en la torre 6 del edificio Space, o lo ocurrido con la caída del puente elevado de Bogotá a Villavicencio, que dejó varios muertos y heridos, donde a partir de allí empezaron en todas las ciudades a prenderse las alarmas con las situaciones similares o parecidas que existen en los edificios y en todas las construcciones de vivienda, que debe hacerse extensiva a la revisión de todos los puentes, escuelas y colegios, universidades, hospitales, centros comerciales, iglesias y monumentos, avenidas, túneles y toda clase de construcciones para aprender de estas trágicas lecciones y no recibir nuevas sorpresas dolorosas que empañen la calidad de la ingeniería colombiana.

Las muertes y las tragedias en Colombia siguen y seguirán aumentando mientras la cultura de la prevención no sea adoptada como política pública del Estado Colombiano. Recordemos que una vez más la pasada ola invernal del 2010-2011, que dejó más de 400 muertos y más de tres millones de damnificados, nos está demostrando que Colombia necesita con urgencia el fomento de la Cultura de la Prevención, adoptada como política de Estado, de carácter nacional, de manera amplia, permanente, integral y a todos los niveles, desde la formación escolar, en las escuelas, colegios y universidades, pasando por todas las empresas y entidades, tanto públicas como privadas, por los trabajadores formales, informales e independientes, por los conductores de vehículos, motos y bicicletas, hasta culminar con las comunidades en todos los barrios, veredas, municipios, distritos y capitales de departamentos, si se quiere de verdad reducir las altas tasas de accidentalidad, de enfermedades y de muerte, las sequías y las inundaciones que hoy están impactando no solo el medio ambiente, sino la salud y la vida de todos los colombianos.

Todos los días al escuchar y observar las noticias de radio y televisión nos damos cuenta de la cantidad de accidentes y sufrimientos de los colombianos enfermos, de las tragedias, desastres, muertes y desapariciones que día tras día se suman a esa cadena interminable de dolor por culpa de la falta de una Cultura de Prevención, ya que los accidentes, por ejemplo, no sólo están ocurriendo en los lugares y puestos de trabajo, sino en las vías públicas, en el hogar, en la formación académica, en la recreación y en las actividades deportivas.

Recordamos que existe un axioma en seguridad y salud en el trabajo y es el de que “Nadie previene lo que no conoce”. Paralelo a ello un segundo axioma nos señala que “El 90% de los accidentes ocurren por actos inseguros o fallas humanas” y que por falta de educación y capacitación en prevención y en las normas de seguridad, ocurren los accidentes fatales o mortales.

Debemos señalar con sinceridad que en Colombia en el sector de la salud existen hospitales, clínicas e instituciones de salud de primera, de segunda, de tercera y hasta de cuarta categoría en cuanto a la calidad en la prestación de los servicios, debido no solo a su infraestructura y a su capacidad locativa, sino a la tecnología, al instrumental médico quirúrgico, a la seguridad y a los ambientes saludables de trabajo, a la cantidad de trabajadores y profesionales que laboran con inestabilidad e insatisfacción laboral, a los protocolos y calidad en la atención a los usuarios, a los estilos de mando y muchos otros factores que en los últimos tiempos han presentado casos como el de la Bacteria Ralstonia Pickettii, aparecida en la sede sur de la clínica Davita de la ciudad de Cali, teniendo que trasladar a 707 pacientes con insuficiencia renal a la sede norte para evitar que fueran infectados, o el caso de una docente identificada como Dennis  Lara Zerda, de 53 años de edad, y natural del municipio de Plato, Magdalena, que llegó al hospital Fray Luis de León, con infección en  vías urinarias y fué víctima del robo de un celular y 300 mil pesos en efectivo, porque un ratero se metió en la noche por el techo, lo cual ha podido producir una tragedia si la paciente se despierta y se enfrenta desarmada a ese ladrón. Esos son casos que demuestran deficiencias en el manejo del riesgo biológico en el uno y el riesgo de seguridad en el otro.

Tocamos estos dos ejemplos puntuales para señalar la importancia de que en Colombia se implemente en nuestro código penal el delito de riesgo o peligro, el cual existe en muchos países como México, España, Alemania e Italia, donde se ha demostrado la utilidad de esta herramienta jurídica en la prevención de riesgos laborales y en los resultados de disminución de la accidentalidad, en la medida en que los empresarios están obligados, no solo de manera formal a implementar los sistemas de gestión de seguridad y salud en el trabajo, que aparece como la zanahoria en la prevención de los riesgos, sino porque esta herramienta se convierte en el garrote o el castigo para que los empresarios, de verdad, eliminen los riesgos o peligros que afectan o pueden afectar la salud física y mental de los trabajadores  a la vez que proteger las instalaciones de todas las entidades.

Pero ¿Qué es la Prevención? La Prevención involucra tres conceptos que son el pre-ver, pre-decir y pre- actuar, que significa actuar anticipadamente, actuar para evitar que las cosas ocurran de manera diferente a lo que deseamos,  o dicho de otra manera, actuar para asegurarnos que las cosas sucedan tal como queremos.

Digamos entonces que pre-ver, pre-decir y pre-actuar configuran la Prevención, que es una manera sistemática y racional de emprender cada actitud humana. De manera que la Prevención es un valor fundamental, es una forma de pensar, de sentir, de ser… y de actuar! Actitud que es necesaria para proteger la salud y la vida, para la productividad, la eficiencia y la calidad. De allí la importancia del otro axioma médico de que “Es mejor prevenir que curar”. De tal suerte que la Prevención es fuente de seguridad, de salud, de vida y de productividad.

Nuestra historia nacional ha estado marcada por la ocurrencia de múltiples tragedias, por miles de muertes y heridos producidos por la acción descuidada y/o intencionada de los hombres, al igual que por desastres naturales, tragedias que además de causar incalculables pérdidas económicas, retrasan notablemente el desarrollo de los pueblos. Colombia es un país vulnerable frente a las situaciones de urgencias, emergencias o desastres.

Entre los principales desastres ocurridos en Colombia, podemos señalar los siguientes:

  • 1.906 Destrucción 100% de Tumaco.
  • 1.973 Incendio en las torres de Avianca en Bogotá.
  • 1.979 Incendio que destruye a Tumaco.
  • 1.983 Terremoto que destruye el 70% de Popayán.
  • 1.985 La avalancha que destruyó a Armero.
  • 1.994 El sismo y avalancha del Río Páez.
  • 1.995 El sismo de Pereira.
  • 1.999 El Terremoto del eje cafetero.
  • 1.999 El Fenómeno de la Niña.
  • 2001 El Tornado de Soledad (Atlántico).
  • 2002 El Deslizamiento de Montecristo (Bolívar).
  • El desplazamiento de población por la violencia, y,
  • Las inundaciones y las sequías anuales que son cíclicas a través de los fenómenos de la Niña y del Niño respectivamente.

Es a partir de aquí donde surge la obligación de impulsar la Cultura de la Prevención y fortalecer logística y técnicamente todos los comités tanto regionales como locales de gestión del riesgo, para que liderados de verdad – verdad por sus gobernadores y alcaldes, con las comunidades capacitadas, se realicen las obras de infraestructura y se cuente con los equipos necesarios para prevenir las inundaciones y desastres. Por supuesto, tenemos que hacer un reconocimiento público a la mayoría de los coordinadores de los comités locales y regionales de gestión del riesgo y a los organismos de socorro por sus titánicos y valiosos esfuerzos personales, ya que sin la suficiente logística ni equipos, hacen de su labor una entusiasta actividad con amor, tenacidad, sacrificio y entrega total a los sufrimientos de las comunidades, que sin esa mano solidaria sufrirían con mayor tristeza y desolación la condición de damnificados.

Pero en Colombia estas no son las únicas debilidades o tragedias que se poseen u ocurren por falta de cultura de prevención. Como dice el adagio popular: Si por allá llueve, por acá no escampa. En materia de accidente de trabajo el país arrojó el año pasado más de 500.000 casos, cuando hace veinte años (20) años el promedio anual era de 100.000 accidentes de trabajo y los muertos por accidente de trabajo fueron de más dos (2) diarios, cuando hace veinte (20) ocurría un (1) muerto en promedio al día.

Por su parte la OIT, en su informe presentado en el XVI congreso mundial sobre seguridad y salud en el trabajo, estimó que el número de accidentes de trabajo por año en el mundo es de 270 millones, de los cuales dos (2) millones son eventos mortales.

Igual caso está ocurriendo de manera aterradora con la accidentalidad en las vías públicas, donde todos los días presenciamos graves accidentes en el transporte de vehículo y motos, eventos que escandalizan y conmueven por la falta de prevención de los conductores y por la falta de una política pública agresiva de las autoridades viales y del transporte, que por el contrario representan es un caos y desorden en todas las carreteras de Colombia con su secuela de muertes y discapacitados.

Según datos del Ministerio de Transporte, sólo en Bogotá ocurren 117 accidentes de tránsito diariamente. Por otro lado la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de Salud aseguran que “la accidentalidad vial deja más víctimas que el conflicto armado que vive el país”, al igual que señalan que “De los 128.908 muertes por accidente de tránsito que se registran en el continente, el 76% se presentó en Estados Unidos, Brasil, México y Colombia”.

Este rosario de muertes en Colombia aumenta indudablemente por las acciones que también producen la delincuencia común y las distintas formas de violencia y actos terroristas que ocurren en las ciudades y el campo, que deterioran los niveles de convivencia y generan un cúmulo de factores psicosomáticos, que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) generan el 85% de las enfermedades y motivos de consultas de los ciudadanos ante los médicos.

A esta situación nacional se suma el deterioro del nivel de vida y de nutrición de los colombianos, debido a las altas tasas de desempleo donde miles de compatriotas tienen un reto diario: conseguir algo de comida. Amén de lo anterior, la red pública hospitalaria cayó en la más profunda crisis de su historia, donde producto de la Ley 100 y las malas administraciones y la corrupción, se precipita la consabida tragedia para los más pobres: quienes no tienen dinero ni aseguramiento en salud, no tienen acceso al servicio y se mueren, ya no en los hospitales, sino en las casas y en las calles de Colombia.

Recordemos que hace 40 años, en la ciudad rusa de Alma-Ata, los representantes de 134 países suscribieron una solemne declaración de principios, objetivos y estrategias en torno del propósito de proteger y promover la salud de todos los pueblos del mundo. Esa aspiración se identificó con el eslogan “Salud para todos”. Transcurrió el tiempo y llegó el año 2000 sin que la «salud para todos» se hubiera hecho realidad. Algunos países se acercaron a la meta, pero otros han estado distantes. En nuestro país, aun cuando en los últimos dos decenios se ha incrementado la cobertura en salud, el sistema colombiano adolece de muchos y graves defectos. Lo más notorio ha sido el olvido de la promoción de la salud y de la prevención de la enfermedad, es decir, de una política de atención primaria y de aplicar, repito, la famosa frase del líder cubano José Martí cuando señaló que La mejor medicina no es la que cura, sino la que previene.

Por eso es explicable que la obesidad, el paludismo, la tuberculosis, la sífilis, la lepra, la desnutrición, en vez de verse erradicadas, o atenuadas, se haya incrementado. La mayor preocupación ha sido la atención de la enfermedad sin percatarse de que esa modalidad conduce a perpetuar la enfermedad y a hacer más gravoso el presupuesto de la salud. No es, por ello, una política sanitaria adecuada. La política adecuada y que necesitamos implementar en Colombia es la de cambiar el modelo curativo por el modelo preventivo en salud. Porque hoy puede que este modelo curativo y no preventivo de la salud sea rentable para quienes administran el sistema, pero no lo es para los verdaderos interesados en obtener salud que somos la inmensa mayoría de los colombianos.

UNA PROPUESTA: SEÑOR PRESIDENTE, DECLARE  LA CULTURA DE LA PREVENCION COMO UNA URGENCIA SOCIAL.                                 

En el año 2010, el IDEAM prendió las alarmas en el país al señalar que comenzaba a percibirse el inicio de la formación del fenómeno de La Niña y según el organismo, el fenómeno tendría mayor fuerza entre septiembre y noviembre del 2010 y entre abril y mayo del 2011. Cinco meses después, cuando el agua le llegó al cuello al norte, al sur occidente y al centro del país, fue cuando el gobierno nacional empezó a tomar medidas, no de prevención, sino de atención, mitigación y asistencialismo, como ha ocurrido siempre.

“Faltó previsión, no solo por este fenómeno sino por muchos que han ocurrido en el país, la culpa la tiene el Estado, los Gobernadores y Alcaldes, porque nunca previeron las medidas que debían tomar para disminuir las calamidades”, dijo el Dr. Diego Otero, Decano de la Facultad de Economía de la Universidad Central. El Presidente de la Cámara Colombiana de Infraestructura, Dr. Juan Caicedo, hizo un llamado al Gobierno y a las corporaciones autónomas para que “No se hagan los locos”, con la desforestación de las cuencas hidrográficas del país. Tenían razón.

 ¿Dónde estaban el Contralor Nacional de entonces, el Procurador, el Fiscal General, los Parlamentarios, los Directores de las Corporaciones Autónomas Regionales, los Alcaldes, los Gobernadores, los Empresarios y los Dirigentes de los Gremios Económicos, los Diputados, Concejales y los distintos organismos de control a nivel nacional, que nadie fue capaz de llamar y poner al país de pie ante las alarmas presentadas por el Director del Ideam? ¿¡Será que nadie las oyó ni las leyó!? ¿Dónde estaban las llamadas fuerzas vivas del País, por Dios? Está claro…Todos estábamos dormidos como históricamente ha venido ocurriendo, por la falta de una Cultura de Prevención y como consecuencia de ello nuestra ceguera para tomar las medidas y acciones preventivas que permitan mitigar, controlar o evitar consecuencias tan graves como la que hemos vivido y lamentado todos.

Entonces, ¿para qué buscamos responsables si todos tenemos la culpa? ¿Para qué investigaron a cuatro Gobernadores de entonces (a los de Atlántico, Bolívar, Magdalena y Chocó) si se inundaron 28 de los 32 Departamentos? ¿Para qué investigaron a unos alcaldes si sólo cerca de 300 de 1.100 Municipios tienen programas de prevención del riesgo con planes de emergencias y medidas para atender los desastres? No es justo flagelar a unos y coger de chivos expiatorios a otros para tapar la culpa de todos…

Pero la tragedia aún no termina…Mientras vuelve a recrudecer de nuevo el ciclo con la  “La Niña” o empieza el otro fenómeno, el de “El Niño”, continuemos con las ayudas humanitarias y empecemos el largo proceso de la rehabilitación, reconstrucción y la reubicación de las zonas devastadas por el invierno, los derrumbes  y los deslizamientos y ahora a atender la crisis por la sequía.

Mientras reconstruimos el país y aprendemos la lección, a través de estas líneas nuevamente presento la misma propuesta respetuosa, sencilla pero formal, al Presidente de la República, Dr. Iván Duque, y por su intermedio a todo el  Gobierno Nacional y las fuerzas vivas del país, para que se adopte como política pública del Estado Colombiano el Impulso de la Cultura de la Prevención, y que ante las altísimas cifras de accidentes ocurridos en el mundo del trabajo y en las vías públicas del país, con su secuela de muertos y discapacitados, que ante la magnitud de los muertos, las pérdidas y los centenares de damnificados por esta tragedia anunciada del 2010 y del 2011, la del 2012 y ante la sequía vivida del 2.013, la del 2.014, la del 2.015, del 2016, del 2017, 2018 y la del 2019, al igual que ante el deterioro de la Salud Pública, esta política sea declarada como una urgencia social.

Que el Gobierno Nacional consulte y acuerde con los gremios médicos, sindicales, con los empresarios y todos los sectores sociales y se presente en el Congreso un proyecto de ley donde hagamos realidad el axioma de Bernardo Ramazzini, Padre de la moderna Medicina del Trabajo, quien en el año 1.701, hace 318 años,  señaló que “Es mejor Prevenir que curar”. Empecemos por transformar nuestro sistema de salud de ser un sistema curativo a uno preventivo, implementando para ello la esencia de la Ley Estatutaria de Salud, donde desaparezca definitivamente el sistema de intermediación, los recursos se giren directamente a los hospitales, se cancele la deuda millonaria que se le tiene a los hospitales, que sus gerentes sean elegidos por meritocracia para que sean manejados con eficiencia administrativa y libres y exentos de la politiquería y la corrupción.

Es tanto el clamor nacional existente por las fallas y la crisis que padece nuestro modelo de salud que más de 50 mil médicos y especialistas, agrupados en la Academia Nacional de Medicina, en el Colegio Médico Colombiano, en la Federación Médica Colombiana y en Asmedas, por fin, el pasado lunes 14 de mayo del 2.012 le entregaron una carta al Presidente Juan Manuel Santos donde le pidieron revisar con urgencia toda la estructura del actual sistema de salud, porque de continuar con la actual estructura es seguir perjudicando a la población colombiana y señalaron en la carta que se necesita un nuevo modelo en salud que privilegie la prevención y la atención con calidad y oportunidad al paciente y que no sigan siendo los pacientes el centro del lucro de un negocio…

Igualmente se requiere de un fuerte impulso de campañas de capacitación masiva para promocionar la salud  y el manejo de estilos de vida y trabajo saludables, al igual que emprender campañas por la prevención de accidentes de trabajo en las empresas y entidades tanto públicas como privadas, los accidentes en las vías públicas y la prevención del riesgo y la atención de desastres y de enfermedades.

Para ello el Presidente de la República, proponemos, debe liderar con el Consejo Nacional para la Gestión del Riesgo, el impulso de esta Cultura de la Prevención. Este organismo una vez planifique y coordine los detalles para la implementación de esa ley, debería proponerse realizar un acto de envergadura nacional, con la participación de todas las entidades y sectores tanto públicos como privados, para que con todos los Gobernadores y Alcaldes del país, a las 6:00 p.m., de un día X, ojalá el 28 de julio, Día Nacional de la Salud en el mundo del trabajo, o el 24 de Septiembre, Día Nacional de lucha contra la obesidad y el sobrepeso, en todas las plazas públicas de todos los municipios de Colombia, se realice una teleconferencia nacional, dirigida por el Presidente de la República, con todos los trabajadores, conductores, estudiantes, padres de familias y comunidad en general, con pantallas gigantes y equipos de amplificación, con la participación de todos los medios de comunicación en directo, para que sensibilicemos a todos los colombianos en la necesidad de manejar y controlar los riesgos, los accidentes , las enfermedades y los desastres, en la necesidad  de manejar estilos de vida y trabajo saludables, para que con la implementación de la Ley Estatutaria de Salud a partir de allí se asuma de manera pública y permanente la Cultura de la Prevención en Colombia.

Solo así y mediante campañas permanentes de capacitación en las escuelas, colegios, universidades, empresas, entidades y con la población en general, empezaremos a cambiar nuestros hábitos, costumbres y actitudes hacia la prevención. Que se fortalezcan técnica y financieramente los Consejos Municipales y Departamentales de Gestión del riesgo, que capacitemos a todos los colombianos en el manejo del riesgo, que realicemos las obras de infraestructura necesarias (vías, diques, muros de contención, jarillones, alcantarillados pluviales, etc.), que se realicen las reubicaciones y reconstrucciones necesarias en los Municipios azotados por la ola invernal, que todos los municipios tengan sus planes locales y sectoriales de emergencias o de control del riesgo, que se hagan actos de simulacros públicos, que reubiquemos a todas las familias de las rondas hidráulicas de los ríos, ciénagas y quebradas y de las zonas de alto riesgo, que en salud privilegiemos la prevención y no la curación,  y en fin, que hagamos prevención de verdad – verdad…Convirtamos estas tragedias en una oportunidad.

El problema principal del sistema de salud no está en la concepción y el alcance del derecho fundamental a la salud. El problema está en el modelo, que en lugar de estar enfocado en la salud lo está es en la enfermedad; está en el mal funcionamiento del sistema, que interpone barreras y no está centrado en el ciudadano y en sus necesidades, y está en la corrupción desbordada que ha saqueado los recursos de manera incontrolada. Esos son los temas que hay que corregir con urgencia. Y de manera definitiva, con el mandato que nos entrega La Ley Estatutaria de Salud, poner a funcionar la prevención antes que la atención en salud, para lo cual, repetimos hasta el cansancio una y otra vez, debemos poner en práctica la famosa frase del líder cubano José Martí cuando dijo que La mejor medicina no es la que cura, sino la que previene”.

También es cierto que nos toca señalar que la construcción de una cultura de la prevención no es fácil, es una labor de largo plazo, permanente, de capacitación, persuasión y entrenamiento, para que las comunidades adquieran hábitos, costumbres y actitudes positivas y seguras hacia la protección de la salud y la vida, en la que deben comprometerse todas las fuerzas vivas del país, sean del orden político, educativo, económico, religioso, militar, técnico e institucional, liderado obviamente por el Presidente de la República en representación del Estado Colombiano. De lo contrario seguiremos otros 318 años con el axioma de Bernardo Ramazzini como letra muerta, actuando como apaga incendios e invirtiendo sumas millonarias en asistencialismos, paliativos y curaciones de las tragedias que debemos prevenir por la vida y la salud de nuestros compatriotas y por el desarrollo y la competitividad de nuestros pueblos, regiones y de este bello, rico y grandioso país del Sagrado Corazón de Jesús. Señor Presidente: usted tiene la palabra.

CONTENIDO /       

PRÓLOGO  

                                                      CAPÍTULO I                                                    

BREVE RESUMEN SOBRE LA HISTORIA DE LA SALUD EN COLOMBIA

CAPÍTULO II

RIESGOS LABORALES EN EL SECTOR DE LA SALUD   

CAPÍTULO III

ESTILO DE TRABAJO SALUDABLE

CAPÍTULO IV

IMPORTANCIA DE LA SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO

                                                  CAPÍTULO V                                                

LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN

                                                              CAPÍTULO VI

EL MANEJO DE ESTILO DE VIDA SALUDABLE

                                                          CAPÍTULO VII

EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN Y EL MANEJO DE ESTILO DE VIDA SALUDABLE

 

EL AUTOR 

 


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