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CAPITULO VII

 EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN Y EL MANEJO DE ESTILO DE VIDA SALUDABLE

Colombia se viene recuperando de una de las peores tragedias naturales que haya afrontado en toda su historia, producto de la oleada de lluvias ocasionada por el Fenómeno de la Niña durante el segundo semestre del 2010 y todo el 2011.

En un interesante artículo publicado por el Doctor Felipe Trujillo Henao,  Líder de Gestión del Conocimiento, de Corpoeducación, denominadoHacia una cultura de la prevención desde la escuela”, señala que de acuerdo con estadísticas del Ministerio del Interior y de la Alta Consejería para las Regiones y la Participación Ciudadana, esta ola invernal afectó a 28 de los 32 departamentos y a 1.041 municipios, que corresponden al 93% del total del país. Se identificó un total de 3.120.268 de damnificados, equivalentes a 729.829 familias, que representan cerca del 7% de toda la población colombiana.

La catástrofe invernal destruyó gran parte de la infraestructura física y social en las diferentes regiones del país. Varios municipios quedaron en ruinas o debieron ser desalojados, otros sin vías de acceso o bien privados de servicios básicos. Los deslizamientos e inundaciones arrasaron cultivos y extensiones agropecuarias, y destruyeron sedes de hospitales, colegios, puestos de salud, centros comunales y otras organizaciones de base a lo largo del territorio nacional.

Un hecho por destacar es que el fenómeno invernal golpeó de manera especial al sector educativo: destruyó parte de su infraestructura, obligó a la reubicación de un número considerable de sedes educativas y exigió la utilización de otras tantas como albergues para los damnificados. Según cifras del Ministerio de Educación Nacional, 2.277 sedes educativas se vieron afectadas, de las cuales el 70% están siendo rehabilitadas y las demás deberán ser reconstruidas o reubicadas. Todo esto perjudicó directamente a 560.000 estudiantes de preescolar, básica y media.

Esta situación obligó al Gobierno Nacional, particularmente al Ministerio de Educación, a emprender acciones específicas y a destinar cuantiosos recursos en aras de lograr la pronta reconstrucción y restauración de actividades del sector educativo. En total, se comprometieron más de 900 mil millones para labores de refacción, reconstrucción y reubicación de sedes, al igual que apoyos para garantizar el derecho a la educación en situaciones de emergencia.

Hoy, después de padecer esta tragedia se hace necesario invitar a la reflexión sobre algunas cuestiones ligadas a esta realidad. Después de la tempestad viene la calma, reza un dicho popular, que se trae a cuento porque esta reflexión quiere llamar la atención para no caer precisamente en la calma de la inacción, y por el contrario, se debe mantener una alerta permanente frente a la problemática descrita al igual que al Fenómeno del Niño, ya que ambos fenómenos se han vuelto cíclicos.

Lo anterior va en línea con lo señalado en el editorial de un diario nacional de esa época, frente a la recurrencia e intensificación del cambio climático, en el cual se destaca una preocupación adicional: “Ya no se trata solo de la dificultad del país para atender las catástrofes sino de su radical incapacidad para prevenirlas. La naturaleza no deja de sorprendernos, pero no así el hecho de que los eventos extremos nos cogen siempre mal parados” (El Espectador, abril de 2011).

Esto fue ratificado por el director del IDEAM, quien hizo un llamado a las autoridades y a los comités locales de emergencia, para que refuercen los planes de prevención, pues a su juicio todavía no hay estrategias concretas en las regiones para enfrentar los riesgos que están representando el invierno y la sequía para Colombia.

Según el Doctor Felipe Trujillo Henao, por estas razones, se considera que el fomento de una cultura de prevención y gestión del riesgo resulta ser una necesidad urgente para el país, que requiere del concurso de todos los sectores sociales, y cuya realización exige esfuerzos permanentes y de largo plazo.

Sin duda, uno de los sectores que juega un papel crucial en este propósito es el sector educativo, que, como parte de su gestión social a la comunidad, deben promover la realización de acciones pedagógicas en esta materia, y lo deben hacer todas, tanto las de bachillerato como las universitarias que tienen  todas las áreas de la salud y de seguridad y salud en el trabajo.

Ahora bien, existe alguna evidencia que sugiere que esta necesidad no está siendo debidamente atendida en los colegios del país. Para ello, se destacan a continuación algunos de los resultados del estudio realizado por CORPOEDUCACIÓN en el año 2010, por solicitud del Ministerio de Educación Nacional, con el objeto de diseñar y ejecutar una estrategia de acompañamiento a la gestión escolar en un grupo de establecimientos educativos del país.

El Doctor Felipe Trujillo Henao señala que el estudio se realizó en 110 establecimientos ubicados en zona rural de los departamentos de Arauca, Caquetá, Cundinamarca, Chocó, Norte de Santander, y Tolima. Como parte del proceso de acompañamiento, se realizó un ejercicio de auto-evaluación institucional con los consejos directivo y académico de estos establecimientos, siguiendo los lineamientos de la “Guía para el mejoramiento institucional” (MEN, 2008).

Una de las cuatro áreas de la gestión escolar que aborda la Guía está referida a la gestión de la comunidad (las demás corresponden a la gestión directiva, académica y administrativa). Dicha gestión “se encarga de las relaciones de la institución con la comunidad, así como de la participación y la convivencia, la atención a grupos poblacionales con necesidades especiales bajo una perspectiva de inclusión, y la prevención de riesgos.” (MEN, 2008:27)

Frente a la prevención de riesgos, la gestión de la comunidad busca “disponer de estrategias para prevenir posibles riesgos [físicos, psico-sociales y de seguridad] que podrían afectar el buen funcionamiento de la institución y el bienestar de la comunidad educativa”.

Los resultados de la auto-evaluación institucional frente al tema en cuestión son poco optimistas. En relación con la prevención de riesgos físicos, el 28% de los establecimientos analizados no han emprendido ninguna acción, mientras que el 52% se ubica en el nivel de “existencia” en la escala de mejoramiento. Esto indica que los establecimientos cuentan con algunos planes de acción frente a accidentes o desastres naturales, pero solamente para algunas sedes o para ciertos riesgos. Así mismo, el estado de la infraestructura física no es sujeto de monitoreo ni de evaluación.

Lo anterior significa que alrededor del 80% de los establecimientos que participaron del estudio presentan notables deficiencias en el componente de gestión de riesgos físicos. Vale decir que estos resultados son similares en cuanto a la prevención de riesgos psico-sociales y de seguridad, y que los resultados agregados del proceso “Prevención de riesgos” fueron los más bajos en comparación con las demás áreas de la gestión escolar.

Mediante la Directiva Ministerial 12/2009, se dieron directrices a las Secretarías de Educación para garantizar la continuidad de la prestación del servicio educativo en situaciones de emergencia. Entre éstas, se tiene su participación en los comités locales y regionales de prevención y atención de desastres, la elaboración de un mapa de riesgo de los establecimientos educativos bajo su jurisdicción, además de acciones que garanticen la continuidad del proceso educativo, tales como el traslado de estudiantes en épocas de riesgo, la flexibilización del calendario escolar y los horarios de clase, y la adopción de modelos flexibles.

Otras medidas involucran más directamente a las instituciones educativas y sus comunidades, como el desarrollo de proyectos transversales que incluyan temas relacionados con prevención y gestión de riesgos, la realización de campañas y jornadas formativas, al igual que la implementación de mecanismos para promover la participación de la comunidad educativa en esta problemática.

Uno de los aspectos a fortalecer sería estrechar vínculos con las Secretarías de Educación (en su calidad de miembro de los comités locales de emergencias) y con las instituciones educativas, en la apuesta por implementar las Normas Mínimas para garantizar la educación en situaciones de emergencia (INEE – UNESCO, 2003). Cabe decir que estas normas contemplan medidas especiales frente a situaciones debidas no sólo a desastres naturales, sino también a desastres causados por el hombre y a conflictos armados.

Una lección que nos deja la catástrofe invernal del 2010 y el 2011 es que no distingue brechas y nos afecta a todos por igual. Otra, que los fenómenos naturales son realidades con las que debemos, cada vez más, aprender a convivir, y para las cuales se deben brindar preceptos y conceptos sólidos desde la educación, tanto a la generación presente como a las venideras.

LA EDUCACIÓN  Y LOS ESTILOS DE VIDA SALUDABLE

En Colombia se ha desarrollado todo un marco legal en la gestión del riesgo en general y de la gestión del riesgo escolar en particular, a partir de la Constitución nacional de 1.991 en su artículo 67, la Directiva Ministerial nº 13 de 1.992, la Ley 115 de la educación en 1.994 (Artículo 5º, Parágrafo 10) y la Resolución 7550 de 1.994, expedida por el Ministerio de Educación Nacional, por medio de la cual se regulan las actuaciones del sistema educativo nacional en la prevención y atención de emergencias y desastres.

En materia de gestión del riesgo fue expedida la Ley 46 de 1.988, por medio de la cual se crea y organiza el sistema nacional para la prevención y la atención de desastres, el Decreto Ley 919 de 1.989, por el cual se organiza el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (SNPAD), el Decreto 93 de 1.998, a través del cual se adopta el Plan Nacional Para la Prevención y Atención de Desastres (PNPAD) y la Ley 1523 del 2.012, a través de la cual se adopta la política nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.

Por otra parte cabe resaltar cómo en Colombia en algunos municipios y departamentos se han expedido resoluciones, con base en esta normatividad nacional, que son ejemplos a seguir, para reglamentar en las Instituciones Educativas los Planes Escolares para la Gestión del Riesgo. Para ello mencionamos la resolución nº 3459 del 26 de julio de 1.994, “Por la cual se regulan actuaciones del sistema educativo de santa Fe de Bogotá D.C. en la prevención de emergencias y desastres”, que debe servir de ejemplo a aquellos municipios de departamentos que, como el Magdalena, aún están en deuda y puedan cumplir con este obligatorio compromiso.

A nivel Internacional también se cuenta con algunas referencias muy importantes sobre el tema de la gestión del riesgo, entre las cuales destacamos el Marco de acción de Hyogo para el 2005-2014: Aumentos de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres; la campaña mundial para la reducción de desastres: la reducción de los desastres empieza en la escuela, dentro de la Estrategia Internacional para la Reducción de los desastres (EIRD) y la Resolución 57/254 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de Declaración del Decenio de la Educación para el Desarrollo sostenible 2005-2014.

Colombia desde el año 2007 viene liderando la Estrategia de Entornos Saludables, EES, que se define como el conjunto de actividades e intervenciones intersectoriales de carácter básicamente promocional, preventivo y participativo que se desarrollan para ofrecer a las personas protección frente a las amenazas para su salud, y a su vez, permitirles ampliar sus conocimientos y capacidades para identificar los riesgos y actuar oportunamente frente a ellos. Los Entornos Saludables comprenden aquellos lugares donde viven las personas (hogar, barrio, localidad, etc.), los sitios de estudio, su lugar de trabajo y esparcimiento, entre otros.

Colombia ha enmarcado la Estrategia de Entornos Saludables, principalmente en dos aspectos: La estrategia de escuela saludable y la estrategia de vivienda saludable.

La Estrategia de Escuela Saludable se define como una estrategia de promoción y protección de la salud con enfoque diferencial en el ámbito escolar, y un mecanismo articulador de intereses, voluntades y recursos multisectoriales orientados a aumentar la capacidad y oportunidades de los miembros de las comunidad educativa para mejorar la salud, el aprendizaje, la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo humano y social.

La Estrategia de Vivienda Saludable consiste en la ejecución de actividades de promoción de la salud y de prevención de enfermedades, reducción de factores de riesgo psicológico y social y el mejoramiento del entorno ambiental de las familias.

Para su abordaje integral la estrategia contemplan los siguientes ejes:

Físico: saneamiento básico, abastecimiento de agua, higiene, infraestructura física.

Psicosocial: fortalecimiento de principios y valores para vivir en sociedad.

Promoción de la salud y prevención de la enfermedad: desarrollo de habilidades y competencias para tomar decisiones favorables a la salud y el bienestar.

La Estrategia de Entornos Saludables permite realizar acciones de promoción, prevención y protección que contribuyen al mejoramiento de las condiciones de salud de las poblaciones en su entorno (hogar, escuela, trabajo, barrio, localidad) promoviendo estilos de vida saludables complementadas con intervenciones de mejoramiento del entorno.

Todos sabemos que hablar de Salud no solo es hablar de ausencia de enfermedad física o mental, sino también de la presencia de un adecuado entorno social, personal y afectivo. Salud es bienestar general, buen estado físico y psíquico, alegría, ganas de vivir, de relacionarse con otras personas, de disfrutar, de libertad, de paz. Por tanto, cuando hacemos referencia a la educación para la salud hablamos un poco de todos y cada uno de los temas transversales y es por ello que desde todas las áreas se debe hacer especial referencia para que se convierta en un elemento globalizador e interdisciplinario dentro del currículo educativo.

En el entorno escolar se debe priorizar el promover conductas y hábitos que favorezcan una vida saludable, normas fundamentales de salud como son la higiene, el cuidado corporal, la actividad física, la salud sexual y reproductiva, la preocupación por el medio ambiente, los comportamientos seguros, evitar el consumo de alcohol, tabaco y drogas, la alimentación balanceada y saludable…

Como bien lo señala la Doctora EVA MARIA RODRIGUEZ COBO, en su investigación  denominada “La importancia de la educación en hábitos de vida saludables”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, agosto 2009, www.eumed.net/rev/cccss/05/emrc3.ht, La educación y la salud van unidas, afectando al conjunto de la sociedad. Señala que cuando hablamos de adolescentes la preocupación gira en torno a tres ejes fundamentales:

1º. El alcohol, el tabaco y las drogas.

2º. Inadecuados hábitos alimenticios y obesidad, y,

3º. La anorexia y la bulimia.

Si hay un problema que preocupa a los padres, educadores y a la sociedad en general es el del consumo de alcohol, tabaco y drogas entre los menores. Tanto es así que cuando se les pregunta a los padres por cual es la principal preocupación que tienen con respecto a sus hijos es precisamente el miedo a que los menores se conviertan en consumidores habituales de estas sustancias, convirtiéndose así en adictos a ellas. Por ello, la prevención se convierte en la herramienta de lucha más efectiva para evitar el consumo de dichas sustancias entre los adolescentes, y el entorno familiar y el escolar constituyen los dos principales enclaves en la batalla por la prevención.

El consumo de drogas entre menores ha ido en claro aumento en las últimas décadas, de ahí la creciente preocupación por parte de los adultos, responsables de dichos menores. La educación es la mejor arma para luchar contra los peligros que acechan a los adolescentes. Sin embargo dicha lucha se ve obstaculizada en gran medida cuando se habla de adolescentes ya que a esa edad su personalidad y su capacidad para ver los riesgos que dichas conductas tienen no están suficientemente desarrolladas. En esta etapa de su vida, los jóvenes tratan de imitar a sus iguales, de ser como los demás, incluso si ello significa fumar, beber alcohol o tomar drogas los fines de semana para sentirse uno más dentro de su grupo.

Uno de los problemas es también la facilidad con la que estos menores acceden a dichas sustancias y la propaganda que se hace de algunas de ellas, dirigida principalmente a los jóvenes. La ley debería golpear con más fuerza tales prácticas y ser más rigurosa y ejemplar en las condenas, ya que estamos hablando de la salud de nuestros menores, los ciudadanos adultos del futuro en nuestra sociedad.

La escuela, afortunadamente, es un espacio efectivo para tratar de prevenir dichas conductas, ya que dispone de espacios, tiempo, grupos de iguales reunidos y personal docente implicado para trabajar conductas saludables de vida y luchar contra el alcoholismo, el tabaquismo y la drogadicción. Los jóvenes empiezan a consumir estas sustancias a edades cada vez más temprana, lo cual es alarmante y requiere de una colaboración coordinada entre padres, educadores y agentes sociales (políticos, centros de salud, especialistas y publicidad). Desde el ámbito escolar se puede:

  • Realizar talleres de prevención sobre tabaquismo, alcoholismo y drogadicción.
  • Implicar a padres, delegaciones de salud y otras entidades en dichos talleres de salud.
  • Dar ejemplo de vida sana y practicar deporte y actividades físicas al aire libre.
  • Capacitar a los jóvenes en los derechos de la salud sexual y reproductiva, en la práctica del sexo seguro y con responsabilidad para prevenir enfermedades de transmisión sexual, el Sida y los embarazos adolescentes y no deseados.
  • Detectar en los alumnos las conductas relacionadas con el consumo de dichas drogas e informar a los padres.
  • Fomentar en los alumnos la autoestima y el desarrollo de la personalidad integral, para que sean ellos mismos los que se defiendan de dichos peligros.
  • Desarrollar en ellos el sentido crítico para que sean capaces de decir “NO”.

No obstante, el consumo de sustancias nocivas para la salud no es el único problema al que se enfrentan padres y educadores. Seguimos hablando de las ventajas de trabajar la educación para la salud pero ahora para hablar sobre alimentación y obesidad. De todos es bien sabido que los jóvenes no se alimentan adecuadamente. Los docentes son testigos de que muchos jóvenes llegan cada mañana a su centro escolar sin desayunar y luego a la hora del recreo se alimentan de manera poco o nada saludable (papas fritas, golosinas, dulces, etc.).

Para gozar de buena salud y prevenir futuras enfermedades es imprescindible educar a nuestros jóvenes en hábitos alimenticios y de salud adecuados como son por ejemplo hacer entre cuatro y cinco comidas al día, empezando por un desayuno completo y variado que nos aporte los nutrientes y vitaminas necesarias para comenzar el día con energía y poder llevar a cabo una intensa mañana de trabajo y estudio dentro del aula, beber agua y líquidos beneficiosos para la salud en abundancia, practicar ejercicio físico, no ingerir sustancias nocivas para nuestra salud (como fumar e ingerir alcohol), preocuparse por su higiene corporal…

Una mala alimentación puede llegar a convertir a nuestros jóvenes en personas obesas. De hecho, uno de cada cuatro niños presenta obesidad o sobrepeso hoy en día. Esto es debido a la mala alimentación y a la vida sedentaria. El practicar deporte ayuda a un mejor desarrollo físico, intelectual y psicológico, además ayuda a eliminar conductas agresivas y a integrarse en el entorno escolar, familiar y social que les rodea.

 Afortunadamente, hoy en día en Colombia se le da la importancia que tiene a la práctica del ejercicio físico, ya que está demostrado que ayuda al desarrollo intelectual del adolescente. Hay que tener siempre en cuenta a la hora de practicar un deporte las características corporales del adolescente y sus preferencias deportivas, ya que sólo si el chico o la chica tienen una condición física apropiado para el desarrollo de dicha actividad y están interesados en dicha práctica deportiva, ésta tendrá los resultados esperados.

Sin embargo, el ritmo de vida agitado de hoy en día hace que no le prestemos demasiada atención a la alimentación y que no tengamos tiempo para practicar algo de ejercicio o al menos caminar diariamente. A pesar de ello, es responsabilidad de los padres la buena alimentación de sus hijos y el fomento de actividades físicas y deportivas. A veces, se es demasiado permisivo y se les acepta que coman cualquier cosa rápida y se pasen todo el día delante de la tele, el computador o los videojuegos, que de por sí no son malos, lo malo es el abusar de su utilización.

Un resultado directo de la mala alimentación y el sobrepeso es la tendencia de los jóvenes, en especial de las chicas, a no comer para así convertirse en una persona atractiva y con éxito entre sus iguales. No cabe duda de que la publicidad, a veces, lejos de ayudar al desarrollo integral y físico de nuestros jóvenes influye negativamente en éstos. Jóvenes delgadísimas como prototipo de chicas guapas y con éxito, el vigente y peligroso canon de belleza, que lleva a nuestras adolescentes a querer imitar tales cánones y a convertirse en niñas anoréxicas y bulímicas. Esta es una nueva epidemia que nos viene afectando de manera más alarmante en las últimas décadas. La importancia del aspecto físico en nuestra cultura está llevando a nuestros jóvenes a poner sus vidas en peligro. Hasta tal punto llega la obsesión por el cuerpo perfecto que olvidamos aspectos esenciales de nuestra personalidad y que nos hacen mucho más atractivos: la inteligencia, la capacidad para sentir y amar, el disfrute al aire libre, actividades físicas y deportivas, la lectura, el compartir buenos ratos con nuestros seres queridos…

Sin embargo, estos valores no están de moda en nuestra sociedad y menos entre los adolescentes, por ello debemos llegar a la conclusión que las causas de la anorexia y la bulimia subyace de los valores erróneamente asentados en nuestra cultura y en nuestra sociedad. Tanto es así que algunos especialistas denuncian que muchas niñas, que por su corta edad aún no deberían tener conciencia de su cuerpo, presentan problemas psíquicos y físicos. Debemos, pues, replantearnos esos valores y como no, la escuela es de nuevo y sin lugar a dudas uno de los espacios claves para trabajar dichos valores a través de los temas transversales.

Por otro lado, está claro que los niños no son una versión reducida de las personas adultas y por lo tanto no deben ser tratados como tales, pues comparados con los adultos se encuentran físicamente disminuidos. La práctica equivocada del ejercicio a una edad temprana, puede ser particularmente perjudicial. Pueden producirse daños a corto plazo en forma de lesiones por impacto o por esfuerzo; y que en forma gradual irán abocando a problemas crónicos que se manifestarán en etapas posteriores. En algunos casos, según los especialistas, los hábitos incorrectos en la actividad física durante la infancia, pueden crear algunos problemas permanentes.

Por otro lado, los adolescentes y jóvenes son un colectivo que al no tener una personalidad totalmente construida se ven afectados por el qué pensarán los amigos de ellos, cómo los verán, si van a la última moda, si llevan las mejores marcas, y empiezan las inseguridades, las comparaciones e incluso los desprecios y el rechazo de ellos mismos.

Por último, debido a que la mayor parte de su tiempo libre la pasan frente al televisor, los jóvenes son un blanco fácil de los reclamos publicitarios, donde ir a la moda, ser guapo e interesante pasa por ser alto, atractivo, llevar marcas en ropa y zapatos, tener carro y/o moto… Es difícil, pues, luchar contra todos estos inconvenientes, pero no imposible, por ello desde la escuela se debe educar para que los adolescentes y jóvenes adquieran criterios, comportamientos y actitudes que les lleven a valorar lo realmente importante para manejar actitudes y comportamientos saludable, tales como:

  • Aprender a comer de manera saludable y hacer ejercicios físicos.
  • Sensibilizarlos con respecto a la higiene corporal.
  • Crear talleres de ayuda al desarrollo de la personalidad y el sentido crítico.
  • Ayudarlos a sentirse bien consigo mismos y con su cuerpo.
  • Que aprendan a no dejarse llevar por los demás, a decir No a tiempo y no ser tan fácilmente influenciables.
  • Que no critiquen y/o rechacen a los demás por su apariencia física, y,
  • Que aprendan a valorar características tan importantes como: el esfuerzo, el ingenio, la innovación, la investigación, la afectividad, la autoestima, la comprensión, la diferencia y la convivencia, el respeto, la igualdad, el sentido crítico, la autocrítica, la no violencia y la paz.

Concluimos afirmando que hablar de la importancia de la Educación para la Salud es concebir la labor docente como una herramienta útil para que nuestros alumnos lleguen a ser personas capaces de pedir ayuda en caso de necesitarla y de ayudar a otros si fuese necesario, preocupadas por su salud física y por su bienestar emocional, que sean egresados preparados para convertirse en multiplicadores de comportamientos seguros y de estilos de vida y trabajo saludables, conscientes de la importancia de una buena alimentación y de la práctica del ejercicio físico para prevenir enfermedades, que sean carentes de prejuicios sociales y poseedores de personalidad definida con juicio y sentido crítico, aplomados y propositivos.

Igualmente se debe hacer conciencia permanente entre los trabajadores, las poblaciones vulnerables, conductores, estudiantes y comunidad en general, sobre cómo funciona el sistema de salud y el de riesgos laborales, sobre comportamientos seguros, realizar campañas masivas contra el alcoholismo, el tabaquismo y la drogadicción, sobre planificación familiar, las enfermedades de transmisión sexual y el Sida, defender el medio ambiente, capacitarles en la lucha contra la pólvora, las armas de fuego y la no violencia, la defensa de los Derechos Humanos y en la lucha contra la corrupción, lo beneficioso de consumir una alimentación balanceada y saludable y las bondades de hacer ejercicios y practicar deportes, para que con este conocimiento se puedan realizar cambios en los hábitos y costumbres hacia el manejo de un estilo de vida activa y saludable y poder construir municipios con ciudadanos activos, sanos y saludables que generen mayor productividad y desarrollo para el país del postconflicto que todos estamos decididos a construir y a querer vivirlo en paz con verdadera justicia social.

Finalmente, de manera formal y respetuosa, propongo, que tanto el Ministerio de Salud, como el de Educación, Asmedas y todas las organizaciones científicas, gremiales y sindicales del sector de la salud, tomados de la mano en señal de unidad, materialicen el compromiso público de que en el año 2020 se implementará el Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo en todas las Instituciones de blanco y educativas del país, al igual que desarrollar una masiva capacitación y formación tanto a los trabajadores de la salud como a los docentes, estudiantes y padres de familia sobre los riesgos laborales, la cultura de la prevención y el manejo de estilo de vida saludable, con la seguridad de que ese hecho redundará en el mejoramiento de la calidad de la educación y de las condiciones laborales de los educadores, de los trabajadores de la salud  y de los colombianos en general.

Por otro lado, estamos impulsando la conformación de Clubes de Vida Saludable en todo el territorio nacional y con proyección mundial, como la herramienta organizativa clave para poder implementar estas capacitaciones, practicar ejercicios físicos, realizar actividades lúdicas y culturales, con el propósito de tener ciudades, municipios y países con ciudadanos activos y saludables, para mejorar y elevar su nivel de vida y desarrollar la producción del planeta con una proyección sostenible.

Por nuestra parte, con el lanzamiento de este trabajo entregamos nuestro grano de arena para coadyuvar con este propósito, además de brindarle nuestro permanente cariño y respeto a todos los trabajadores en general, y a los de la salud en particular, héroes del 2020 contra la pandemia del coronavirus, para que con prevención y entusiasmo en el manejo de vida saludable, puedan no solo evitar accidentes y enfermedades en sus labores diarias y en sus puestos y áreas de trabajo, sino para que ojalá con mejores condiciones socio económicas, organizativas y con entornos seguros y saludables, puedan prestar un mejor y eficiente servicio de salud para elevar la calidad de vida de todos los colombianos.

ESTE 28 DE JULIO, DÍA NACIONAL DE LA SALUD EN EL MUNDO DEL TRABAJO, RENDIMOS UN JUSTO Y MERECIDO HOMENAJE A TODOS LOS TRABAJADORES DE LA SALUD, POR SU LABOR HERÓICA Y PERMANENTE EN CUIDAR LA SALUD DE TODOS LOS CIUDADANOS DE COLOMBIA Y EL MUNDO.

Por su titánica labor y mensajes como estos, en plena batalla contra la pandemia del coronavirus, los trabajadores de la salud del mundo entero se ganaron el título de héroes, y en Colombia, desde el 20 de marzo de 2020, desde las casas y balcones de todo el país, a las 8 de la noche, se les ha venido aplaudiendo en señal de agradecimiento por su titánica labor. 

 

CONTENIDO /       

PRÓLOGO  

                                                      CAPÍTULO I                                                    

BREVE RESUMEN SOBRE LA HISTORIA DE LA SALUD EN COLOMBIA

CAPÍTULO II

RIESGOS LABORALES EN EL SECTOR DE LA SALUD   

CAPÍTULO III

ESTILO DE TRABAJO SALUDABLE

CAPÍTULO IV

IMPORTANCIA DE LA SEGURIDAD Y SALUD EN EL TRABAJO

                                                  CAPÍTULO V                                                

LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN

                                                              CAPÍTULO VI

EL MANEJO DE ESTILO DE VIDA SALUDABLE

                                                          CAPÍTULO VII

EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN Y EL MANEJO DE ESTILO DE VIDA SALUDABLE

 

EL AUTOR 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

FOTO DE LA PORTADA: Tomada en internet.

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