¿ES EL CORONAVIRUS UN ARMA BIOLÓGICA?  

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No hay mejor caldo de cultivo para las teorías de la conspiración que un virus desconocido con capacidad mortal, en un país lejano y con una propagación sustancial. Todos estos ingredientes se dan en el coronavirus chino.

Si bien los datos generales indican que el coronovirus, que se está propagando a nivel mundial, tuvo su origen en algunos animales salvajes vendidos en un mercado de mariscos de la ciudad de Wuhan, esto no sería totalmente cierto.

El Instituto de Virología de Wuhan fue evidenciado en el año 2015 en un informe de televisión local, conocido como el laboratorio de investigación de virus más avanzado de China. El laboratorio está vinculado de forma encubierta en la producción de armas biológicas de Bejing y es el único sitio declarado en China capaz de trabajar con virus mortales.

Hay que recordar que Estados Unidos y China están en guerra no declarada desde hace años, desde que la superpotencia asiática alcanzó un nivel de riqueza, de tecnología, de capacidad comercial y de negocio a nivel mundial que causó la alarma y el pánico incontrolado en la superpotencia norteamericana. Esta guerra bilateral EEUU-China, de momento habría que clasificarla como de las llamadas por los propios expertos militares yanquis “de cuarta generación” o sea solapada, secreta, con acciones subordinadas a cargo de terceros contendientes, con multitud de frentes no convencionales y con daños irreversibles no muy cuantiosos e incluso difícilmente cuantificables. Cronológicamente estaríamos en la primera fase de esa guerra asimétrica, donde las armas de guerra convencionales y las de destrucción masiva no han hecho todavía acto de presencia. Pero este escenario de cuasi guerra, de paz armada, de guerra fría, de enfrentamiento cauteloso puede cambiar en cualquier momento.

En gran historiador y militar ateniense Tucícides, padre de la “historiografía científica” y de la llamada escuela de “realismo político” nos dejó una impresionante profecía a los humanos, fruto de su experiencia en la guerra del Peloponeso (siglo V a.c) :

“Cuando un gran imperio o potencia de primer nivel se siente amenazada por otra emergente que puede arrebatarle su liderazgo, la guerra entre ambas es inevitable.”

Basándose en los análisis y estudios del famoso historiador, militar e investigador griego, el profesor norteamericano  Grahan Allison, director del Centro Belfer de Ciencias y Asuntos Internacionales en la Kennedy School de Harvard (EEUU) ha publicado recientemente el libro titulado “Con destino a la guerra”, en el que se pregunta concretamente si su país, Estados Unidos, será capaz de sortear la denominada “Trampa de Tucícides” evitando ir a una guerra que preservara su liderazgo mundial ante el claro reto económico, militar y político de China. Y para contestarse a sí mismo y a los millones de compatriotas que presumiblemente leerían su trabajo, estudió con todo detalle cómo se solventaron históricamente en los últimos quinientos años  dieciséis casos en los que una potencia dominante, un imperio, se vio en la tesitura de ir a la guerra contra un nuevo poder emergente que le retaba claramente y aspiraba a desbancarle de su poltrona. De esos dieciséis casos, al profesor de Harvard le salieron doce positivos (hubo guerra) y cuatro negativos (el poder afincado y el emergente llegaron a acuerdos que hicieron posible la paz) lo que en términos matemáticos arroja una probabilidad del 75% de que su patria, EEUU, vaya a la guerra total con China en el corto o medio plazo.

¿Estamos, ante este flagrante y presunto ataque a China a través del agente coronavirus, en un nuevo apartado de la primera fase de una nueva guerra mundial de acuerdo a las enseñanzas del historiador Tucícides?

Completamente seguro de que no será nuclear pues ahora la MAD (Destrucción Mutua Asegurada) ya no existe y uno de los dos bandos (de momento, el oriental) es capaz de poner él solito contra las cuerdas al otrora orgulloso imperio de las barras y las estrellas. Que se ha convertido, todo hay que decirlo, en algo francamente indeseable a nivel mundial.

JAPÓN IMPORTA VIRUS DEL ÉBOLA POR PROTECCIÓN

Por primera vez, el gobierno nipón introdujo un conjunto de microbios letales al Instituto Nacional Japonés de Enfermedades Infecciosas, con el fin de prevenir un posible brote en los Juegos Olímpicos de 2020.

Japón está listo para llevar a cabo los Juegos Olímpicos 2020, tanto que está emitiendo un método de salubridad con el fin de que los extranjeros visitantes, así como los deportistas, no se contagien de una de las enfermedades más letales, como lo es el ébola.

El gobierno nipón importó el virus del ébola y de otros cuatro microbios peligrosos para prevenir un posible brote en el evento deportivo. El virus de Marburg y el de Lassa también fueron importados.

El ministerio de salud de Japón informó que los investigadores utilizarán las muestras, que incluyen el virus de Marburg, el de Lassa y los que causan la fiebre hemorrágica sudamericana y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, para validar las pruebas en desarrollo.

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La llegada de los virus representa la primera vez que los patógenos clasificados como nivel de bioseguridad 4 (BSL-4), la clasificación más peligrosa, ingresan al Instituto Nacional Japonés de Enfermedades Infecciosas (NIID), la única instalación en el país que opera ese grado.

Científicos nipones de enfermedades infecciosas dicen que el riesgo de un brote durante los Juegos Olímpicos no es mucho mayor que en cualquier otro momento; sin embargo, comparten que el acceso a los virus aumentará la capacidad de su nación para manejar enfermedades infecciosas en general, y prepararse para un ataque bioterrorista.

Hacía todo lo anterior relacionado también existe la declaración de un miembro de la Comisión de Armas Químicas y Biológicas de la ONU, conocido como Igor Nikulin, declaró que la variante de coronavirus fue producida por manos humanas.

“Puede ser beneficioso para las compañías estadounidenses que están desarrollando este tipo de nuevas enfermedades solo para obtener ganancias. O tal vez para los propios estadounidenses, porque Estados Unidos es el único país que tiene 400 laboratorios biológicos militares en todo el mundo”.

Todos estamos expuestos al hambre depredadora de la superpotencia en su afán de seguir con el control del mundo, de su enfermiza premisa de poder dominador, de conseguir por todos los medios el saboteo para eludir a sus enemigos con todas las artimañas militar, políticas, económicas y biológicas. De propiciar una catástrofe humana para sacar rédito y las armas biológicas no son una fantasía, son una realidad que prolifera en nuestro ambiente y se incuba como un virus letal, que todos los días podemos respirar inocentemente.

 

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