POEMAS AL ECLIPSE

POEMAS AL ECLIPSE

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En día de fenómeno natural la poesía también hace atributo a ese bello acontecer donde el sol besará con su ardiente amor a la luna.

LA NOCHE

— de Nicomedes Santa Cruz

En esas doce horas que somos la espalda del mundo
en aquel diario eclipse
eclipse de pueblos
ecllipse de montes y páramos
eclipse de humanos
eclipse de mar
el negro le tiñe a la tierra mitad de la cara
por más que se ponga luz artificial
negrura de sombra
sombra de negrura
que a nadie le asombra
y a todo perdura
obscura la españa
y claro japón
obscura caracas
y claro cantón
y siempre girando hacia el este
aquí está tiznando
allá está celeste
esa sombra inmensa
esa sombra eterna
que tuvo comienzo al comienzo del comienzo
rotativo eclipse
eclipse total
pide a los humanos un solemne rito
que es horizontal
y cada doce horas que llega me alegro
porque medio mundo se tiñe de negro
y en ello no cabe distingo racial
nicomedes santa cruz (1959)

 

CASTIGO

— de Julio Flórez —


Dos puñales agudos templados al fuego, yo quisiera clavarte en los ojos, azules y grandes rincones de cielo; sacar los puñales después, los terribles puñales de acero, ver en tus cuencas vacías y oscuras resbalar dos raudales sangrientos Y ver los abismos helados y negros, que a través del cristal de esos ojos (extintos a tiempo) volcaron desdenes y rayos de ira en estos los míos de lágrimas llenos! Ventanas oscuras en donde se asoma mi espíritu enfermo.
Quiero castigarlos con castigo eterno, solo por haberle negado a mi noche su luz, siendo limpios y ardientes luceros!
Quiero ver tu alma entonces en esos rincones azules, de pronto trocados en dos agujeros!
Pero más quisiera clavarte esos ojos puñales de fuego, por ver un eclipse, ¡qué trágico eclipse un eclipse de cielo!

 

AL HOMBRO EL CIELO, AUNQUE SU SOL SIN LUMBRE

— de Lope de Vega —

Al hombro el cielo, aunque su sol sin lumbre, y en eclipse mortal las más hermosas estrellas, nieve ya las puras rosas,

y el cielo tierra, en desigual costumbre.

Tierra, forzosamente pesadumbre,

y así, no Atlante, a las heladas losas

que esperan ya sus prendas lastimosas,

Sísifo sois, por otra incierta cumbre.

Suplíco os me digáis, si Amor se atreve

¿cuándo  pesó con más pesar, 

o siendo fuego, o convertida en nieve?

Mas el fuego no pesa, que exhalando

la materia a su centro, es carga leve;  la nieve es agua, y pesará llorando.

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