PREVENCIÓN/ HIJOS QUE MALTRATAN A SUS PADRES: CÓMO LO HACEN Y POR QUÉ

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Las denuncias de padres agredidos por sus hijos han aumentado

 

Por MARÍA HUIDOBRO

Comienzan con un insulto, siguen con amenazas y acaban con agresiones físicas. El que actúa con violencia es un niño, niña, adolescente o joven, y el que la recibe, su padre, su madre, su abuelo, su hermano o su educador. Este tipo de violencia doméstica, llamada violencia filio-parental, va en aumento. En las siguientes líneas abordamos este problema. Contamos cómo se ejerce y el porqué.

Por desgracia, cada vez son más frecuentes los casos de violencia filio-parental en occidente, China y norte de África, «Lamentablemente somos líderes en la prevalencia del problema, en la cantidad de casos que hay, como en los estudios, recursos y profesionales que se dedican a ello». Lo reconoce Roberto Pereira, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (SEVIFIP), quien comenta que las denuncias de padres agredidos por sus hijos han aumentado de manera extraordinaria un 400% en los 10 últimos años.

Hijos que maltratan a sus padres y madres: cómo lo hacen

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CAMPAÑA DEL DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE HOUSTON, TEXAS

El problema es más habitual de lo que parece. La Universidad de Deusto, entre 2013 y 2017, realizó un estudio en Bizkaia que hace visible esta tragedia. Participaron 2.700 adolescentes de entre 13 y 18 años de colegios públicos, concertados y privados. El 3,2 % admitió haber agredido físicamente a su padre o su madre de 3 a 5 veces en el último año, mientras que el 12,5 % confesó que lo había hecho al menos 6 veces de manera psicológica.

Y es que la violencia filio-parental no solo son golpes. Los expertos de la SEVIFIP la definen como el conjunto de conductas violentas reiteradas dirigidas hacia los padres, madres o adultos que ocupan su lugar. Pueden ser físicas, psicológicas tanto verbal o como no verbal y económicas. Se manifiesta de diversas maneras, como detalla la ‘Guía básica de actuación en situaciones de Violencia Filio-Parental’ de Euskarri (Centro de Intervención en Violencia Filio-Parental): escupir, empujar, golpear, pegar patadas, dar mordiscos; lanzar objetos, pegar puñetazos en puertas y/o paredes; intimidación verbal (gritos, amenazas, insultos, humillaciones, etc.); manipulación; amenazar con matarse y/o huir de casa como forma de obtener lo que quiere o para controlar a su familia; robar dinero o pertenencias de la familia o amigos; rotura de objetos apreciados por los padres; contraer deudas cuyo pago recae en los progenitores; y cualquier otra acción o conducta que amenace el sentido de bienestar y seguridad de una persona.

Violencia filio-parental: mal de la sociedad

¿Qué está pasando? La Fiscalía da su visión: «Permanece consolidada esta modalidad delictiva como un mal endémico de la sociedad, consecuencia de una crisis profunda de las pautas educativas y de los roles paternofiliales».

En esta causa coinciden especialistas como Pereira, quien también es psiquiatra y psicoterapeuta: «La modificación del modelo educativo, pasando de un modelo jerárquico, distante, autoritario y en vertical a uno más próximo, horizontal, emocional y de buscar una relación cercana, ha generado un déficit de autoridad -que no autoritarismo-, que es necesaria para educar, para transmitir valores y tratar de que lo que se aprende sirva para la convivencia y las relaciones humanas. Hay padres y educadores que adquieren con más facilidad esa autoridad, y no tienen problemas para que los hijos o alumnos la acepten. Pero a otros les cuesta, por carencias personales o de relación, porque no tienen mucho tiempo… y tienen dificultades para marcar límites, contener, hacerse respetar… Si tratas de ser amigo o amiga, dejas de ser padre o madre. A un amigo no le dices lo que crees que tiene que hacer; puedes aconsejarle o sugerir, pero esa labor no es de padres o educadores».

Pero hay más factores que concurren. Los padres y madres pasan menos tiempo en casa por culpa del trabajo o las distancias. Hay más familias monoparentales, lo que supone menos recursos y tiempo para educar que si fueran dos. A veces, las dos personas que se dedican a la educación no están de acuerdo en cómo hacerlo.

Otro tema es la sobreprotección, «una enfermedad de nuestro tiempo y que tiene que ver con que los padres se sienten vigilados con sus actuaciones, sobre si es adecuado lo que les permiten hacer a sus hijos», apunta Roberto Pereira. La sociedad es más permisiva con ellos, pues se educa a los niños en sus derechos, pero no en sus obligaciones, mientras que restrictiva con los padres al reprenderles. Pero, además, nuestros hijos están continuamente recibiendo mensajes, a través de videojuegos, películas e Internet, de que la violencia es una buena manera de resolver los problemas.

 

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